Aveces siento que el mundo se derrumba sobre mi, como si una especie de huracán me arrastrara, y en esos momentos no me apetece pensar, ni mirar, ni hablar, solo respiro, e intento sentir el calor de los que me arropan, y me ayudan protegiendo me de esa especie de huracán, que apunto estuvo de destruirme, porque sin ese calor, la vida de muchos no existiría, incluida la mía.

